miércoles, 15 de febrero de 2012

Capítulo siete.


Queridas lectoras. Siento mucho no haber subido estos días, los exámenes van a terminar conmigo. Bachiller me lleva por el camino de la amargura. Es un capítulo cortito, lo sé, pero ya estos días empiezo vacaciones y escribiré más largos y más seguidos, o al menos, esa es mi intención. Sea como sea, gracias por seguir leyendo. Disfrutad del capítulo. - A xx

Capítulo siete.

Las chicas y yo estuvimos toda la noche pensando en lo que podría pasar al día siguiente. Un camping era algo arriesgado, aunque eso no quitaba que fuera una de las cosas más divertidas que habría hecho hasta el momento. Preparamos todo antes de irnos a dormir, prometimos irnos a la cama a las diez de la noche, pero eran aún las dos de la madrugada y nosotras seguíamos hablando. Sabíamos que a las ocho teníamos que estar en pie, y que aún yendo a dormir a esa hora apenas podríamos descansar unas seis horas, no eran ni la mitad que necesitábamos para poder estar llenas de energía, aún así, a las dos y media todas estaban durmiendo. Todas, menos yo, que no paraba de dar vueltas en la cama pensando en todo lo que me estaba pasando. Tenía varias versiones. La primera la daba mi corazón. Estaba claro que los sentimientos hacia Harry eran intensos, dulces y amargos a la vez. La sensación que me transmitía era única en todos los sentidos, y dejarlo escapar sería un error del que me arrepentiría toda la vida. No sabía que era querer, amar o estar enamorada. Sí, tengo diecisiete años, pero mis experiencias amorosas se resumían en nulas, pésimas, tristes, sombrías y adjetivos por el estilo. La sangre llegaba más rápido a todo mi cuerpo cuando él estaba cerca, cuando me hablaba todo el mundo se callaba a mi alrededor y su voz hacía eco en mi cabeza. Todo se reducía a él. Pero claro, mi cabeza reducía todo el romanticismo de mi corazón al realismo más absoluto, dándome a entender que me tenía que olvidar de todo cuanto sentía por él. Se empeñaba en repetirme que era un encaprichamiento barato de adolescente con algún famoso que pasaría de moda en un abrir y cerrar de ojos. Londres no era un destino con un fin amoroso, no señor. Era un destino futuro, donde cumpliría mi sueño de ser bailarina, junto a ellas, a mis hermanas. Pero claro, luego, por último, estaba yo. Mi capacidad para joder las cosas siempre había sido mi punto fuerte, así que mi versión se basó en hacer una síntesis de todo lo anterior. ¿Por qué no podía enamorarme y cumplir mi sueño al mismo tiempo? Y ahí interrumpía la vocecita de mi cabeza, como siempre, alegando que si mezclaba ambas cosas, tarde o temprano una de ellas terminaría abandonada, y optaba, claro está, por mi carrera. Toda adolescente loca antepone el amor a su futuro. ¿Sería yo así también? ¿O podría romper con ese prototipo de fanática loca del amor? Tendría que esperar hasta dentro de unas horas para poder averiguarlo. Entre tanta vuelta y tanto drama en mi cabeza, me había olvidado de dormir. Sorpresa fue la que me llevé al ver en números verdes las 6:50. ¿De verdad tanto me había costado dormir? Los párpados empezaban a fallarme. Bostecé unas cinco veces antes de quedarme dormida del todo. Parecía que hubieran pasado solo diez minutos cuando la voz más dulce del mundo me despertó. Me había dormido pensando en él, y ahora el destino se había empeñado en que fuera él quien me despertara.

- Narra Harry –

De nuevo, otra noche sin dormir, aunque a mí no se me habían pegado las sábanas como a la chica que tenía justo delante de mí. El poco maquillaje aún era notable en su rostro. La fina línea negra que cubría su párpado, estaba desgastada y la marca de su gloss se había quedado impregnado en su almohada. Cuando la iba a despertar, susurró mi nombre. Una. Dos. Tres. Y hasta cuatro veces, cada vez más alto como si estuviera soñando. Al principio creí que me había visto, pero sus ojos seguían cerrados y su tono adormilado señalaba un sueño profundo. Reí por lo bajo, con emoción y ternura al mismo tiempo. Estaba soñando conmigo. Miré como su ropa reposaba sobre su bolso de viaje y luego dirigí la mirada hacia el despertador, que marcaban las 8:30. Me daba lástima despertarla, pero los chicos estaban esperando fuera para enfrentarnos a la aventura que suponía montar un camping en medio del bosque más frondoso que conocíamos. Le di varios toques en el hombro mientras le susurraba su nombre en el oído. Noté debajo de mis manos como su piel se erizaba por completo. Hasta que se despertó del todo y me miró con estupefacción.

- Joder. ¿Qué hora es? ¿Qué haces aquí?
- Las ocho y media. Llegas media hora tarde, los demás están esperando en el coche.
- Oh, lo siento mucho. ¿Te importaría salir? Necesito vestirme.

Salí entre risas y esperé en la recepción. No había sino unas cuantas chicas que me saludaron con nerviosismo que se dirigían hacía las clases extras que seguramente habrían elegido para ensayar. Devi salió a los quince minutos con una sonrisa en su rostro y me señaló con la cabeza que ya era hora de irse. Al salir, la aplaudieron en señal irónica y nos subimos al coche. Niall conducía, mientras que en los demás asientos nos dispersamos. Vi como Destiny se dormía profundamente en el hombro de Zayn mientras sus manos, ambas entrelazadas, descansaban encima del regazo de éste. Como Liam miraba a Anny mientras se dormía encima de sus piernas y como Louis y Charlotte se dibujaban cosas en el cuerpo con los dedos mientras averiguaban qué era. Yo me conformaba con mirar a Devi, que daba cabezaditas cortas dejándose dormir y como en más de una ocasión se golpeaba la cabeza contra el cristal del gran 4x4.

- ¿Quieres acostarte aquí? Tardaremos en llegar y a juzgar por tu cara, estaría bien que descansaras un poco.

Me miro con gesto dudoso, pero acabó asintiendo, vencida por su cansancio. Se apoyó en mis piernas y me dirigió una última mirada antes de cerrar los ojos. Apreté su fría mano contra la mía y puse la otra encima de su estómago atrayéndola hacia mí. Eché la cabeza hacia detrás y yo también me dejé dormir. Niall nos despertó a todos con el toque del claxon. Despertamos sobresaltados y fuimos saliendo uno a uno del coche observando la gran cantidad de tonos verdes que nos rodeaba. El paisaje era maravilloso. El poco viento hacía que los árboles reposaran en paz, mientras que el aíre frío calaba cada uno de nuestros huesos. Los chicos montamos las tiendas de campaña y las chicas iban colocando lo necesario para una fogata. Destiny y Zayn ocuparon la cabaña del centro, Anny y Liam la otra central, Louis y Charlotte la de la derecha y por último, nosotros, cerrando el círculo. Niall estaba en nuestra misma cabaña a petición de Devi, la cual estuvo más tiempo junto a él, hablando de mil y un temas, que conmigo. Al finalizar el almuerzo, todos, incluido Niall, se fueron a observar el lago. Devi se quedó leyendo un libro dentro de la cabaña y yo preferí quedarme también.

- ¿De qué trata el libro?
- De amores imposibles.
- Yo de eso sé mucho, puedo ayudarte más que un libro.
- Dudo que puedas enseñarme más que esto –dijo señalándolo- Estas páginas están llenas de cultura y nuevas cosas por aprender. Deberías usarlo más –dijo riendo con burla.
- Eres una chica dura ¿eh? Mi pequeña valiente.
- Gran cobarde, Styles.

Ya no pude más con la risa y me abalancé sobre ella haciéndole cosquillas, con una novedad. Es que no tenía.

- Cuanta perfección junta, por el amor de Dios.

Me miró con una sonrisa que me recordaba a la de la noche anterior. Tierna, sincera y divertida. Me fui acercando más a ella mientras mi gesto serio iba desapareciendo Su nerviosismo era notable en el rubor de sus mejillas, las cuales se iban pasando de un rosa pálido a un rojo intenso. Noté su respiración en mi cara, el frío aliento chocaba contra mi cuello.

- Harry, esto no…
- Déjate llevar al menos por un momento. Solo susurra mi nombre como hiciste en tu sueño.
- Maldito niño –replicó entre risas.
- Cállate –susurré con sorna.  

Y fue ahí cuando mis labios tocaron los suyos por primera vez. No fue un beso. Fue un simple roce que hizo que la chispa empezara a incendiar la cabaña, al menos eso sentía. Noté su frente contra la mía y el brillo de sus ojos aumentaba conforme nuestra cercanía disminuía. Devonne Peasley era mi perdición, y ella lo sabía.

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